Gavidia es un hermoso pueblito en un valle entre  impetuosas montañas rocosas del Parque Nacional Sierra Nevada, al sudeste del Estado Mérida  y adornado con muros de piedras y riachuelos, una perfecta acuarela pintada por la naturaleza. La Laguna del Santo Cristo (la más grande de los andes venezolanos) se mece entre sus colinas. El caserío se encuentra a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar, entre San Rafael y Mucuchíes, en el Municipio Rangel.  

El nombre del lugar hace honor a la memoria de su primer habitante el Sr. Simón Bruno Gavidia, de quien se desconoce su origen y últimos años de vida. “No se sabe si era español o indio, solo que un buen día llegó, se instaló y se quedó aquí hasta viejo. Aunque se dice que él se fue después que llegaron ‘Las Velázquez’, unas señoras de Ejido (Mérida) que comenzaron a explotar la tierra y fue con ellas que se comenzó a formar la comunidad”, relata María Cantalicia Torres, la dueña del único cafetín del pueblo: ‘Cafetín Bruno Gavidia’.

De la ciudad de Mérida a Mucuchíes es una hora y 45 minutos carretera, luego desde Mucuchíes hasta Gavidia son otros 30 minutos, a ‘velocidad de paseo’. Se pueden  apreciar colinas que van desde diferentes tonos de verde a un ocre realmente impresionante. La riqueza natural de la zona es indescriptible, de repente se encuentran dos imponentes paredes de formaciones pétreas negruzcas donde se aprecia el rostro de un indígena como si hubiera sido tallado  a un lado de la angosta y empinada carretera  y un  precipicio que da paso al gélido Río Gavidia, que alimenta al Rio Chama. Al dejar atrás las montañas se encuentra el Valle de Gavidia un pequeño caserío rodeado de sembradíos de papa, ajo, zanahoria y trigo; salpicado de pequeñas casas de tapia con sus colinas adornadas de lanudas ovejas y largos muros de piedras que delinean el contorno de las propiedades, de las calles y del pueblo en general.  Se observa el Río Gavidia, que a esa altura se dibuja como un riachuelo de aguas bajas, transparentes y tranquilas. La carretera termina en una callejuela que da la vuelta al pueblo, en una especie de “U” que se une por un pequeño puente sobre el riachuelo, justo frente al cafetín de María Cantalicia. La gente es tranquila y afable, los niños con sus mejillas tostadas caminan agarrados de la mano hacia otra angosta callecita que no lleva más allá de la hilera de casas sobre ese lado de la sublime colina. El censo del 2012, realizado por los consejos comunales, arrojó que sumando los habitantes de Gavidia, Micaracche, Las Piñuelas y El Picadero, estos tres últimos, sectores que rodean al valle, apenas llegan a 600 personas.

Además del Cafetín Bruno Gavidia existen tres abastos y una artesanía; la capilla con su casa cural, el ambulatorio, la casa comunal, la cancha y la pequeña Plaza Bolívar; además de la escuela rural, una guardería y claro, las‘Mucuposadas’, como son conocidas algunas posadas del Parque Sierra Nevada que garantizan el contacto directo con la vida paramera.

“El pueblo en sí es una ruta paradisiaca, perfecta donde se disfruta de la virginidad de la naturaleza y se respira la paz del aire puro. Sin embargo existen otras travesías para las que hay que pedir ayuda a ‘baquianos’, como el Sr. Bernabé, para ir a la laguna del Santo Cristo que está a unos  13 kilómetros.  También es una buena opción las lagunas “Las Brava” y del “Parque”, o las cascadas “El Montón”, “Las Señoras” y “Llano del Trigo”, en los alrededores de Gavidia, así como la truchicultura del sector El Piñuelo.

Aunque la mayoría de los hombres y mujeres ‘gavidieros’ trabajan en la agricultura, llama la atención un pequeño grupo de mujeres tejedoras que procesan la lana directamente de las ovejas que crían. El grupo tiene un poco más de 10 años y exhibe sus prendas artesanales directamente en el pueblo.